Abundante agua con bien de sal y un churretín de aceite (poco); cuando hierve vete echando los canelones uno a uno revolviendo casi sin parar, suavamente para que no se rompan, pero que no se peguen unos a otros...
En 10 ó 12 minutos los escurres bajo el chorro de agua fría.
Extiendes un trapo en la mesa (una sábana o similar), los colocas para que no se peguen y con cuidado, que no se rompan.
En un plato mezcla bonito en aceite con un poco de salsa de tomate y huevo cocido; aplastas bien la mezcla y lo distribuyes encima de las placas del canelón. Una vez repartida la mezcla, vas enrollando uno a uno los canelones, y los vas colocando en una fuente para horno.
Haces una salsa bechamel cremosa y lo cubres todo; espolvoreas queso rallado y unos dados de margarina, y a gratinar al horno.